“En el peor de los casos voy a traer la modernidad a Pachuca”
Los detectives salvajes
¿Y si la forma de organizar el material elegida por Bolaño en Los detectives salvajes solo fuera una de tantas posibilidades? ¿Y si nos estuviera invitando a abrir diferentes recorridos, a hipertextualizar la novela completamente con nuevas vías de lectura? ¿Y si Rayuela…?
Es probable. Experimentemos. Alteremos Los detectives salvajes partiendo de una ordenación basada en los narradores que descompon
ga la obra en decenas de novelas cortas, diferenciadas por la voz que relata pero parecidas al adherirse a una línea marcada por las andanzas de Lima y Belano: en primer lugar leeremos los capítulos I y III (“Mexicanos perdidos en México (1975)” y “Los desiertos de Sonora (1976)”), relatados por García Madero en forma de diario, después pasaremos al capítulo II (“Los detectives salvajes (1976-1996)”) y lo iremos leyendo narrador a narrador. El primero que aparece es Amadeo Salvatierra, así que leeremos este primer fragmento para luego continuar con todos aquello en los que él tiene la palabra. La segunda es Perla Avilés, con la que seguiremos el mismo procedimiento, y así sucesivamente hasta llegar a Ernesto García Grajales, cuya narración ¿no es un final posible al dar la palabra al “único estudioso de los real visceralistas” (pág. 554)[1], quien hará un pequeño resumen histórico-literario sobre el real visceralismo? Evidentemente, sí[2].
¿No es posible también una alteración similar en la película de David Lynch Lost highway? La obra de Lynch se caracteriza por los saltos temporales, juegos diegéticos, surrealismo narrativo…En Lost highway Fred es un músico cornudo que asesina a su mujer y al amante de esta para después crear en su mente una historia distorsionada de lo que en realidad ha ocurrido mientras huye de la policía. El cierre final del círculo confirma la unión de lo onírico con lo real. Pero para llegar a comprender esto, ¿no es necesario que el espectador abstraiga lo que ha presenciado para reorganizarlo y hacerlo encajar como un puzle? Evidentemente lo es.
Las similitudes formales entre ambas están al alcance del lector y espectador, quienes pueden observar que las estrategias de articulación narrativa que las vertebran son indudablemente semejantes. En primer lugar, la linealidad que sostiene el inicio de Los detectives salvajes se rompe tras la lectura del diario de García Madero, cuando entramos en un mundo de relatos
diferentes, narrados por personajes diversos pero que mantienen varios elementos comunes -Belano, Lima y la literatura-. En el conjunto total de estas narraciones el anacronismo es sistemático variable, en tanto aparecen analepsis y proplepsis (por ejemplo, las partes narradas por Joaquín Font comienzan en 1976 y acaban en 1987, y al terminar este la palabra pasa a Jacinto Requena, que habla desde 1976 hasta 1985) además de diegético y no diegético. Sin embargo, no se da en ellas de forma individualizada, ya que aunque en algunas se hagan referencias específicas a hechos pasados con respecto al momento de la enunciación, siempre se van sucediendo en orden cronológico (por ejemplo, esa misma narración de Joaquín Font se articula cronológicamente, pues el primer fragmento es de octubre de 1976, el segundo de enero de 1977, el tercero de marzo de 1977…). En el planteamiento de Lost Highway se adivinan puntos comunes en este sentido, pues la secuencia lineal del inicio de la película también se rompe progresivamente, desde la aparición de las cintas de vídeo hasta el momento de ruptura máximo en la escena “hipernuclear” (Palao 2012) de la cárcel en la que un preso es sustituido por otra persona misteriosamente. La comparación de ambas obras lleva a pensar que hay claras diferencias de base, puesto que en Los detectives salvajes la linealidad inicial es manifiesta, mientras que en el film de Lynch, es aparente, ya que acabamos teniendo tanto seguridad de su inexistencia como certeza de la presencia de un anacronismo, también sistemático pero ahora no marcado, cuyo objetivo es imitar, a través de analepsis, prolepsis, giros surrealistas y aparentemente sin sentido…, el funcionamiento de la mente humana. Sin embargo, pese a las claras diferencias, ¿no están ambas en una misma esfera de trabajo sobre el material narrativo? Lo están, evidentemente.
En cuanto a la ruptura de la secuencialidad, el nuevo planteamiento de Los detectives salvajes como un protohipertexto esboza la posibilidad de varios caminos posibles a la hora de ser actualizado. Por otra parte, entender la película de Lynch supone establecer otra secuencialidad a partir de una nueva organización del material dado, de forma que dependiendo de cómo esto se realice, de la interpretación que se haga de determinadas escenas, del prisma filosófico a través del que se mira…, se pueden obtener diferentes resultados, que son, al fin y al cabo, diferentes posibilidades de lectura que el propio Lynch definiría como una conjunción de imágenes y sonido. Como es lógico, estos planteamientos, en tanto abren nuevas formas de actualización, suponen una ruptura de la lógica causal, lo cual es más claro en la relectura de la novela de Bolaño, ya que la desestructuración del material no solo afecta en un nivel interpretativo sino también textual e incluso físico. En la misma línea, y como ya se había esbozado anteriormente, existen diversas tramas narrativas que van uniéndose y separándose en ambos relatos, de las cuales agunas son nucleares y otras catalíticas (subsidiarias o periféricas). En el caso de Los detectives salvajes, el primer capítulo, un viaje al infierno mismo del realismo visceral de la mano de García Madero salpicado de un ambiente vanguardista que huele a Rayuela, y el tercero, un “Viaje a Ítaca” en busca de la venida a menos Cesárea Tinajero y en el que la enseñanza, como en todo viaje, es el viaje mismo, son entendibles, leídos desde el nuevo punto de vista, como un pronúcleo (Palao 2012), una extensa sucesión de escenas que presentan a dos personajes cuyas vidas estarán marcadas, en parte, por lo vivido durante el período de tiempo que abarcan esos dos capítulos. Encontrar en Lost highway un pronúcleo es complicado debido al entrecruzamiento extremo de tramas que, además, operan en varios planos (mezcla de lo onírico y lo supuestamente real), sin embargo, sí que se pueden rastrear hipernúcleos (Palao 2012) (en la cárcel cuando Fred desaparece y en su lugar aparece otra persona) e hipercatálisis (la escena catalítica del timbre al principio de la película se repite al final como elemento nuclear y básico para la interpretación). En este sentido, está salpicada de flashbacks y flashforwards metalèpticos, que en el caso de la obra de Bolaño están correctamente señalados en el eje temporal. De nuevo diferencias manifiestas, pero ¿todavía en la misma esfera? Es evidente que sí.

Roberto Bolaño en México junto a compañeros «realvisceralistas» como Mario Santiago Papasquiaro (arriba a la izquierda), representado en la novela por Ulises Lima
Esta nueva forma de narrar supone una nueva forma de leer y ver. Los creadores de ficción actuales han asesinado al lector/espectador pasivo y han dado vida a un lector/espectador creador, no solo en sentido interpretativo, sino organizador. Si ya el planteamiento de Bolaño en Los detectives salvajes supone un esfuerzo inmenso para todo aquel que se acerca al texto, que debe recomponer mentalmente lo narrado a modo de puzle, en la nueva propuesta de lectura que aquí se está manejando el esfuerzo se multiplica, pues no solo debe realizar esa recomposición sino que debe crear un nuevo recorrido de lectura que le hará percibir la obra desde un punto de vista muy diferente. Sin ir más lejos, al conocer la parte de “Los desiertos de Sonora” antes que las distintas narraciones de “Los detectives salvajes”, aparte de tener una visión diferente de Lima y Belano, conocemos en profundidad a Cesárea Tinajero, de forma que todas las referencias que a ella se hacen a lo largo de la segunda parte de la novela serán entendidas desde otra posición. A su vez, la suma de focalizaciones internas que componen esta segunda parte crean en el lector un efecto ilusorio de focalización cero, lo cual es engañoso, pues realmente nunca se puede llegar a conocer qué piensan o sienten Belano y Lima más que a través de los diálogos en los que participan, de ellos hay que dudar y preguntarse si fueron así o si son recuerdos de los narradores que el tiempo ha podido modificar. En este sentido, el propio Bolaño juega con el lector mezclando hechos reales y ficticios durante toda la novela, sin posibilidad de diferenciar unos y otros, por ejemplo cómo saber si es cierto que Lima y Belano fueron los asesinos de Roberto y el policía. Por todo ello, ¿pudo hacerlo para crear alrededor de sí mismo esa aura de mitificación y bohemia que tan prototípicamente asociamos a todo artista? Evidentemente, es una posibilidad.
Tanto estas similitudes en la articulación narrativa, como los dos tipos diferentes de reorganizaciones de los materiales, la de Los detectives salvajes respondiendo a la pretensión de hipertextualizar la novela abriendo nuevas vías de lectura, y la de Lost highway a la de interpretar el film, se deben entender como un síntoma de la desestructuración del relato clásico planteado por Barthes y de la plasmación de cómo la realidad es entendida por la postmodernidad, no a modo de un a priori sustentado en el teocentrismo imperante durante toda la historia de Occidente, sino como un mundo de mundos que puede y debe ser cuestionado y modificado por cada individuo. Así pues, David Lynch muestra el universo de Fred, su mente y su realidad entrecruzadas y retroalimentadas en una trama de tramas que no hace sino preguntarse por la existencia o no de la barrera entre el exterior y el interior del yo. Mientras Roberto Bolaño crea un collage hipertextual en el que juega a observarse a sí mismo y a su compañero de andanzas a través del multiperspectivismo, una búsqueda desesperada del autoconocimiento en un ambiente generado y atravesado por una sucesión acumulativa de voces a través de las que se cuestiona dónde acaba la realidad y empieza el mito y, sobre todo, si importa realmente tal diferencia: “El no acontecimiento del Golfo es de una gravedad que supera el acontecimiento mismo de la Guerra”, afirma Baudrillard en La Guerra del Golfo no ha tenido lugar (1991: 10). Por tanto, dos planteamientos muy diferentes: Lynch usa a Fred para hablar de Fred (“Me gusta recordar las cosas a mi manera”, dice en un momento del film), Bolaño usa a otros para hablar de Lima y Belano, de él, en definitiva, pero una misma visión de lo real en quiebra. De esta forma se puede entender el planteamiento de Eco en que el arte es la metáfora epistemológica del conocimiento científico: ¿En un presente en el que se ha demostrado que más del 90% de la materia que forma el universo es “materia oscura” y que más del 90% de la energía es “energía oscura” es posible una obra de arte que trate de mostrar una realidad ordenada, consabida y uniforme? Evidentemente no.

«La reproduction inerdite» (1937) René Magritte.
En ese aspecto, en un mundo como el actual hay tres búsquedas necesarias: en primer lugar, la búsqueda del yo y del lugar que debe ocupar este en el mundo, es decir, “Mexicanos perdidos en México”, en palabras de Cortázar en Rayuela “yo y mi vida, yo con mi vida frente a la vida de otros” (1963: 10); en segundo lugar, la búsqueda de esa mínima parte de la realidad exterior al yo que puede ser percibida para encontrar ese lugar del propio yo, es decir, “Los desiertos de Sonora”, en palabras de Kavafis “Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, / entenderás ya qué significan las Ítacas” (Kavafis, 1991: 60); en tercer lugar, una vez ubicados en la pequeña parcela del mundo que podemos sentir y por tanto interpretar, llega el momento de aprender a vernos desde fuera de nosotros mismos, a través del prisma de otras realidades, para realizar la necesaria autocrítica que nos ayude desde fuera del yo a cerrar las búsquedas, es decir, “Los detectives salvajes”, algo similar a “La reproduction interdite” de Magritte. Las tres búsquedas no siguen un orden fijo, sino que van completándose a la vez durante los años, por lo que, atendido a la relación de cada una de ellas con un capítulo de la novela, se puede ver cómo probable la hipertextualización del texto que se ha planteado: si las búsquedas se realizan a la vez y cada una de ellas es una parte del texto, el texto puede leerse con un orden más o menos aleatorio. Además, en las búsquedas mismas se encuentra el significado del oxímoron que da título a la novela: la búsqueda es realizada por detectives, por investigadores minuciosos, no solo del arte, sino de la vida en general, pero que deben ser salvajes, es decir, actuar por instinto. Una paradoja crucial para entender la obra de Bolaño: solo haciendo una investigación como detective salvaje se puede ahondar en las tres búsquedas que se han planteado. A fin de cuentas, ¿no es Los detectives salvajes una memoria de la búsqueda del propio Bolaño en pos de sí mismo? Lo es, evidentemente.
En definitiva, tanto Los detectives salvajes como Lost highway, pese a pertenecer a géneros artísticos diferentes y a movimientos distintos, tienen una misma idea subyacente, que se repite en la inmensa mayoría de las manifestaciones artísticas de las últimas décadas: son expresión misma de la postmodernidad, es decir, de las millones de formas dispares de entender el mundo que en ella tienen cabida.
[1] La referencia de la edición de Los detectives salvajes se puede encontrar en la bibliografía. Cuando se cite algún fragmento se señalará la página de igual forma que en este caso.
[2] Desde este punto, todas las referencias que se hagan a Los detectives salvajes estarán basadas en esta nueva posibilidad de lectura de la novela.